Llama inmortal

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LUGARES

Llama inmortal

 

“Gire a la derecha en la Avenida Ascanio Arosemena, y habrá llegado a su destino”, me indica Waze. Así empieza mi recorrido matutino hacia el Centro de Capacitación Ascanio Arosemena. El día anterior, en la clase de historia, me había enterado de por qué este personaje podía considerarse una persona extraordinaria, un héroe. Así que voy a investigar.

El Aeropuerto de Albrook desaparece y un paisaje verde y tranquilo empieza a rodearme. Sigo avanzando. A lo lejos ya puedo percibir el primero de muchos edificios rectangulares con techos rojos, característicos de la antigua Zona del Canal. Mientras más me acerco, más me confundo; solo logro ver dos edificios en diagonal, prácticamente iguales, de los cuales nada me llama la atención. Al final del camino puedo diferenciar las estructuras.

El edificio más cercano tiene una entrada sofisticada, casi presidencial: seis columnas de cada lado levantan un rectángulo con techo rojo, que está conectado, perpendicularmente, a otro más pequeño y con techo transparente, dando una sensación de profundidad a la obra. Tanto me sorprende la entrada que en seguida estoy fuera del auto. Si la entrada es tan cautivadora, tiene que haber un tesoro que justifique esta maravilla.

Caminando entre las columnas del lugar vislumbro algo único: una imponente llama de fuego se sacude sin cesar. Intrigado, decido acercarme hacia allá. No es el fuego en sí lo atractivo, sino la ubicación privilegiada en la que se encuentra al final del pasillo, donde hay una plaza circular, rodeada de columnas, en las que hay diferentes inscripciones. El piso de la plaza se encuentra en un nivel inferior, bajando tres escalones. En la parte central hay un pedestal, de forma hexagonal, y sobre él reposa un envase dorado, de donde surge la llama.

Su presencia me impacta a pesar de que aún no sé su significado. Entiendo que se relaciona con la gesta de enero de 1964, porque por algo había decidido venir al lugar, pero lo que representa específicamente sigue siendo un misterio. 

Sin duda alguna es el sitio más concurrido. Por esa razón decido quedarme un rato más, pues escuchar una respuesta a mi duda no sería improbable.

La mañana avanza, y el calor parece querer adelantarla. De pronto, me empiezo a desesperar; a pesar de que hay mucha gente, lo único interesante que he visto en la media hora que llevo en el lugar es a una persona mirar el fuego, llorar e irse. Es entonces cuando me paro y pregunto a la persona más cercana por el significado de la llama. Me dice pocas pero lapidarias palabras:

-La llama que nunca se apaga. Los mártires, su lucha.

Sorprendido, miro la llama con admiración. Luego, doy una vuelta panorámica y me acuerdo que este lugar era el mismo que había visto en clase. No lo puedo creer. Con emoción me percato de que estoy parado donde aquellos valientes estudiantes izaron la bandera panameña por primera vez; estaba parado en el epicentro de la soberanía nacional.

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