Crónica de un Estudiante En La Ciudad de las Sombras Armadas

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Crónica de un Estudiante En La Ciudad de las Sombras Armadas

Caminábamos hacia el museo. Grandes árboles, llenos de hojas, cubrían los andenes mientras estos trazaban el camino que nos guiaba hasta nuestro destino. Sus enormes figuras retrataban una sombra ineludible sobre las casas, que eran levantadas por delgadas columnas con cuestionable utilidad. Cada vez que daba un paso, saltaba a mi vista otra casa, muy parecida. Esto generó miles de choques eléctricos en mi cabeza,podía sentir una voz que me preguntaba todo sobre la arquitectura del lugar. Mi vista parecía rebotar entre espejos: la primera era semejante a la segunda, y la segunda a la tercera, pero… ¿Por qué?

Vino a mi memoria un pensamiento: la Ciudad del Saber fue una base militar controlada por Estados Unidos por décadas desde los principios del siglo XX –la voz empezó a desaparecer, disipando  mis dudas; la tormenta en mi cabeza calmaba bajo el sol panameño, al fin veía el lugar con claridad–. Nuestra llegada al Centro de Interpretación ratificó este pensamiento. Era una casa más,nunca me imaginé que podría ser un museo. Cuando entramos me llevé la sorpresa de que todo estaba muy bien conservado. La información sobre la Ciudad del Saber llenaba las paredes e inundaba mi vista. El museo fue una vez la casa de un comandante gringo; lo que hoy es la Ciudad del Saber fue hasta 1999 la base militar de Fort Clayton en años muy oscuros para la soberanía panameña. El fuerte sentimiento patriótico de los panameños fue capaz de transformar el alma del lugar,pues donde una vez marcharon soldados… hoy caminan estudiantes.

El contraste de colores era evidente; el blanco de las paredes, el rojo de las tejas y el verde de las copas de los árboles arropa los grandes campos que renacen en cada temporada de lluvia tras morir bajo el asfixiante sol panameño. Eran Barracas. Los edificios blanquirrojos –colores característicos de los edificios en la Ciudad– en los que los estudiantes se refugian a diario intentando retener partes de lo que dicen libros y profesores; aquellos edificios que parecen aplastados por el sol, de tres o cuatro pisos como máximo; aquellas edificaciones fueron el hogar de cientos de soldados provenientes de aquel país en el que nací: Estados Unidos. ¡Estaba parado en la gran Zona del Canal! Ahora veía esta parte de la ciudad y no podía evitar pensar su historia y en lo que se había convertido.

¿Cómo llegué aquí? Nunca estuvo en mis pensamientos mudarme a Panamá. ¡Panamá! Aquella ciudad que hace 3 años me recibía a mí y a mi familia con los brazos abiertos; ciudad llena de diversidad, donde es muy difícil sentirse aislado; aquella ciudad en la cual no hace falta viajar más de media hora para estar en un rascacielos de más de 40 pisos a disfrutar un ambiente verde, colorido y lleno de paz como es la Ciudad del Saber para observar una estatua de Vasco Nuñez de Balboa mirando hacia el infinito potencial de Panamá: la ciudad de todos, puente del mundo.

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